Javier Videla – Fotoperiodista

Javier Videla – Fotoperiodista

Shusha, migrantes globales. Escapando de la primavera Árabe Libia.

Miles de refugiados hacen cola para recibir su comida en el puesto que comparten la Cruz Roja y la Media Luna Roja. La distribución se realiza sin horario fijo y hasta agotar alimentos. Muchas veces, tras esperas de varias horas, las personas se quedan sin comer hasta nuevo aviso. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados de Ghana protestan tras varios días sin información sobre su repatriación. Mostrando carteles en los que se puede leer "Ghana, aquí están tus hijos" y empuñando banderas de su país, cantan y bailan alrededor del campo con la esperanza de llamar la atención de algún medio de comunicación. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

El ejército crea instalaciones con tomas de corriente para que las personas en el campo puedan cargar las baterías de móviles y así poder comunicarse con sus familiares. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiado de Bangladesh toma un baño por la mañana en una de las fuentes habilitadas por el ejército tunecino. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados de Bangladesh jugando a las cartas en su tienda de la UN. Estos refugiados en particular se enfrentan a esperas de semanas o incluso meses antes de poder regresar con sus familias. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados a las espera de recibir sus pasaportes y fecha de salida en un contenedor, frente al puesto de IOM (International Organization for Migration). Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Un afortunado trabajador de Bangladesh es nombrado por un voluntario del OIM. Recibirá su pasaporte y será informado de la fecha en la que saldrá del campo. Los refugiados originarios de este país son difíciles de repatriar, pues no existe embajada de Bangladesh en Túnez. Otros países, como Sudán, prefieren ocuparse de sus propios problemas internos, sin prestar atención a sus ciudadanos que se hacinan en Shusha. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados nigerianos son llamados al puesto de IOM para comenzar el nombramiento uno a uno de los afortunados que tienen fecha de salida del campo de Shusha. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Corridas de nigerianos para coger los mejores lugares al ser llamados al puesto de IOM para comenzar el nombramiento uno a uno de los afortunados que tienen fecha de salida del campo de Shusha. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados a las espera de recibir sus pasaportes y fecha de salida en el puesto de IOM (International Organization for Migration). Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Un refugiado mira a otros refugiados en una improvisada tienda de campaña donde pasarán la noche. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados a las espera de recibir sus pasaportes y fecha de salida en el puesto de IOM (International Organization for Migration). Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados a la espera de ser trasladados al Aeropuerto de Djerba, para ser repatriados a sus respectivos países de origen por el IOM (International Organization for Migration). Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Refugiados de Bangladesh esperan a ser llamados para coger el vuelo de regreso a su país en el aeropuerto de Djerba, a una hora de camino en bus del campo de Shusha. A veces embarcan rápidamente; otras veces se ven obligados a dormir en el aeopuerto durante días. Aeropuerto de Djerba, Túnez / Marzo 2011

Paso fronterizo de Ras el Ajdir. Muro que delimita la frontera de Libia (al otro lado) con Túnez. Miles de refugiados han tenido que pasar días durmiendo a la intemperie del invierno, sin comida ni bebida, hasta ser llevados al campo de refugiados de Shusha, en territorio tunecino. Paso fronterizo de Ben Guerdane, Túnez / Marzo 2011

Shusha: Refugiados de la guerra civil Libia

La Convención de Refugiados de 1951, que es el mandato principal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), explica que un refugiado es una persona que debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país.

Los patrones globales de migración se han vuelto cada vez más complejos en los tiempos modernos, con la participación no sólo de los refugiados, sino también de millones de inmigrantes económicos. Los migrantes, especialmente los aquellos de tipo económico, se ven prácticamente forzados a trasladarse y movilizarse con el fin de alcanzar mejores perspectivas de futuro para si mismos y para sus familias. Los refugiados tienen que moverse si quieren salvar sus vidas o su libertad. Ellos no tienen la protección de su propio Estado – de hecho, es a menudo su propio gobierno que está amenazando con perseguirlos. Si otros países no les brindan la protección necesaria, y no les ayudan una vez dentro, entonces pueden estar condenándolos a muerte – o a una vida insoportable en las sombras, sin sustento y sin derechos. Migrantes y refugiados frecuentemente viajan lado a lado, usando las mismas rutas y medios de transporte.

A consecuencia de la guerra civil desatada en Libia, entre los rebeldes y las fuerzas leales a Muamar el Gadafi, se produce en Febrero del 2011, un éxodo masivo de trabajadores extranjeros que habitan el país, y que huyen de las atrocidades de la guerra. En un país con una media de 5 millones de habitantes, de las cuales un gran número son trabajadores extranjeros, este movimiento masivo de personas produce un colapso en Ras el Ajdir, uno de los pasos fronterizos de Libia con Túnez. Luego de caminar varios días, recorriendo un promedio de 150 kilómetros, miles de migrantes, continúan llegando desde ciudades como Misrata, Trípoli, Zuara, Sebrata y Zauiya. Durante dichas travesías muchos de ellos presencian matanzas y vejaciones, y la gran mayoría sufre robos, golpes y amenazas por parte de los militares del gobierno Libio y de algunos locales, tienen que aguardar días enteros en Ras el Ajdir, durmiendo sin cobijo ni alimentos en las noches invernales del desierto, para poder pasar la frontera y llegar a Túnez, un país que ha vivido semanas antes una revolución y que claramente no esta preparado para afrontar semejante flujo migratorio. Es en Ras el Ajdir, en territorio tunecino, donde se crea el campamento de refugiados de Shusha, en español (o Choucha). Allí llegan personas originarias de países como Bangladesh, Ghana, Mali, Somalia, Nigeria, Pakistán, India, Egipto, Tailandia, Filipinas, Vietnam, Chad, etc. Muchos de ellos eran mano de obra barata que trabajaba en plantas de petróleo, construcción de carreteras y conductos de agua, entre otras ocupaciones. Dichos trabajadores habían aprovechado los beneficios de los acuerdos bilaterales a partir del año 2007, que favorecían la bienvenida de trabajadores extranjeros quienes, decidieron cambiar su residencia e intentar una mejor vida en Libia. A partir del principio del 2010 las leyes se endurecieron, y en el contexto de la caída de Ben Alí en Túnez y posteriormente Hosni Mubarak en Egipto, solo era cuestión de tiempo para que se desataran las revueltas en contra de Muamar el Gadafi, con ellas, la guerra civil y sus cientos de miles de desplazados, la gran mayoría migrantes económicos.
El campo de refugiados de Shusha se encuentra en continuo movimiento, cientos se van y miles llegan cada día desde la frontera. Cada hora que pasa su territorio cobra mayores dimensiones. Allí, más de 20.000 refugiados todavía aguardan ser repatriados a sus países de orígenes. Los pertenecientes a Bangladesh y Somalia se enfrentan a desafíos mas grandes, ya que en Túnez no cuentan con embajadas, y deben soportar esperas que, aunque se desconocen oficialmente, se estiman serán muy largas. Si bien la presencia de las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria intenta paliar la situación, entre ellas, Media luna roja/Cruz Roja, UNHCR, Médicos sin Fronteras, entre otras. La ayuda sigue siendo insuficiente y las largas colas que se forman para comer o tomar un té caliente muchas veces terminan en una mera ilusión. Todo se encuentra controlado por los militares tunecinos que, desbordados, hacen lo que pueden. Cientos de civiles se han movilizado desde todo Túnez para para prestar su apoyo en la zona limítrofe. Sin duda la ayuda de la comunidad internacional se hace necesaria, especialmente, cuando, aunque no existan cifras exactas de cuanta gente este aguardando salir, se calcula que miles están esperando llegar a Shusha. Durante el día muy pocos pueden pasar la frontera de Ras Al Ajdir y se cree que es por que el gobierno Libio todavía pretende conservar la imagen de que dentro de su territorio la situación esta bajo control y continua negando la guerra civil desatada y la cifra real de muertos. Es por eso que la gran mayoría de refugiados arriban por la noche, son traídos al campo en buses desde el check point para unirse a las filas en el campo de fútbol que se creó en el medio del campo de refugiados por ser un terreno abierto y bastante plano. Shusha esta formado en una superficie arenosa y semidesértica, volviéndose casi imposible de transitar, especialmente en la noche, cargado de equipaje. Son organizados por nacionalidades para evitar conflictos y colocados en tiendas de campaña donde comparten entre 15 o 20 personas. A la mañana la actividad comienza con el aseo personal y las largas colas comienzan a formarse para conseguir agua y comida. En la periferia del campo, miles de personas se agrupan entorno a un altavoz, en el que todos los días durante horas, se comunica por nombre a los que pueden recibir su pasaporte y su día de salida. Una vez finalizada una nacionalidad, se cambia a otra, se producen corridas y otra vez el ritmo de la llamada comienza, así hasta el anochecer. Los que han conseguido su pasaporte, son llevados a un autobús que los conduce al aeropuerto de Djerba, y de ahí a sus países de origen. Los migrantes económicos, ahora refugiados, se adecuan lo mejor que pueden a la situación, con un actitud tan digna como inolvidable, no pierden la buena conducta y la humanidad, en una situación de inestabilidad donde no se saben si comerán, cuando podrán recibir sus pasaportes y si podrán finalmente, volver a ver pronto a sus seres queridos.

¿Qué le espera a estos migrantes globales, que aguardan diariamente su fecha de salida? ¿Cual será el futuro de estos seres humanos nacidos en las partes mas desfavorecidas del planeta, que encajan a la perfección en la política económica de países que demandan una mano de obra determinada? Factores como la globalización económica, o la desigualdad en las condiciones de vida, tanto dentro un mismo país, como entre países diferentes, ha contribuido a determinar un aumento de los flujos migratorios internacionales. Muchas personas hoy dejan su país en busca de oportunidades de empleo o educación, otras tratan de reunirse con sus familiares. Sin embargo, hay personas que no tienen la oportunidad de elegir y se ven obligadas a dejar sus hogares por causa de conflictos, persecución o violencia generalizada. Mientras tanto Shusha, un campo de refugiados repleto de migrantes económicos, desplazados por la guerra civil que azota a Libia, crece a un ritmo frenético. Para muchos de ellos el mañana no tiene fecha, y el hoy, solo tiene tiempo y hambre. (Texto: Javier Videla).

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